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LA VERDAD COMO AUTORIDAD

  • Por Fernando Prats Qochaorcohuataj

La autoridad es, quizás el tema oculto mas interesante para desarrollar en lo que a espiritualidad se refiere. La autoridad es a lo que se le delega la ejecución y el juicio posterior a las observaciones que se realizan. Para poder ejecutar es necesario tomar datos certeros y con una cantidad “x” de datos se toma una decisión que claramente será un juicio.

 

Pero ¿qué es la autoridad? ¿cómo se delega?.
La palabra autoridad tiene su origen en la voz latina “augere” que significa: aumentar, promover, hacer progresar. Del mismo término radica la palabra autor. El sufijo “dad”, convierte un adjetivo en sustantivo, por lo cual existe una relación gramatical entre los términos autor y autoridad. La autoridad es lo que está mas cercano al autor de eso que aumenta, crece, promueva. Es aquello que expande.

 

El autor genera. Voz latina que significa “producir”, de la cuál también derivan términos como genes o ingeniero que es quien se dedica a generar. La autoridad es la consecuencia de haber generado y producido algo. Cuando se genera algo nuevo, es lógico que sea el mismo autor, quien lleve el mando, es decir la “autoridad”, en el tema.

 

Esto se modifica en las construcciones colectivas, donde la autoridad es necesario delegarla en quien más pueda producir respecto de eso generado. Por ejemplo en sociedad. La sociedad no es producto de un único autor sino de la unión de muchos factores a los cuales hay que tener en cuenta. Por eso mismo se debe decidir primero que es lo que se desea generar y posterior a eso, “delegar” la autoridad.

 

La acción de la autoridad es, “autorizar”, por lo cual la misma está siempre vinculada a la acción. Sin acción no hay autoridad.

 

La autoridad es llevada por un líder. La palabra líder es sajona y aquí tenemos algo muy interesante respecto a las formas sociales de nuestra cultura. El sufijo “er”, se utiliza en inglés para denominar a la persona que lleva a cabo esa función, en el caso de lider, es “lead” que significa dirigir o avanzar, pero este término a su vez deriva de la voz escandinava lid que significa combatir.

 

Lider es el que dirige el combate, la lucha. Pocos términos tan inapropiados para una filosofía panteista. El líder es quien lleva la razón, y no hay que confundir razón con verdad. En nuestra sociedad tendemos a buscar tener razón, pero no necesariamente esta está sustentada en la verdad.

 

Por ejemplo, en un espacio en el cual solo se permite entrar sin zapatos, es razonable que se expluse a quienes entren con ellos, ahora bien, tienen razón en expulsarte si fuiste calzado de manera inapropiada para el espacio, pero no necesariamente los motivos por los cuales se establece esa regla son verdad. Simplemente hay razón, pero no necesariamente verdad.

 

Se confunde el tener razón con la delegación automática de la autoridad. Entonces la pelea corta, y el atajo lógico y hasta “razonable”, es el de la búsqueda de la razón. Buscamos todo el tiempo tener razón, pero no la verdad. El tener razón nos hace creer que somos más de lo que somos, nos coloca en una posición de privilegio en la cuál las cosas son como queremos que sean y no como realmente son. El gozar de una posición de autoridad por ello, nos permite torcer la realidad y que esta se adapte a nosotros sin tener que esforzarnos por saber la verdad. Es una posición cómoda y lo más alejado de un sentimiento espiritual que existe, pero no por ello, fuera de lo común. Es común, es normal, es parte de nuestra crianza. Una de las tantas enfermedades sociales.

 

“Las cosas son así porque yo te lo digo”, y simplemente se acepta. Se acepta cuando somos chicos con nuestros padres, se acepta en la escuela con la maestra, en la universidad con los profesores, luego en el trabajo. También se acepta en las creencias religiosas, políticas y hasta en las pasiones deportivas.

 

La autoridad en este esquema se pierde cuando aparece una razón mejor a la anterior. Son las reglas del juego. Cuando llegaste a ocupar la posición con un razonamiento apropiado para el momento (ni siquiera tiene que ser acertado, solo adecuado, es decir, hablar exactamente lo que los demás quieren en ese momento escuchar), lo más probable es que en algún momento otro macho alfa aparezca y te relegue de tu función. Esto, claro está, llevado a cabo en un esquema de liderazgo, cuando es social, es un grupo de personas las que piensan con ese razonamiento y alguien toma la voz cantante y se le da el liderazgo, cual punta de lanza, para avanzar en el destronamiento del líder anterior. Sucede todo el tiempo.

 

La característica fundamental de este tipo de esquemas es que, todo pasa por el autor del razonamiento. Cuanto más ridículo el pensamiento, más necesidad de un líder único. Es el caso de las monarquías, los gobiernos fachistas, carentes de cualidades democráticas, que necesitan cohartar la libertad de pensamiento de su sociedad para no sentirse amenazados. Entonces generan persecuciones a su pueblo en los casos extremos, y en situaciones un poco mas evolutivas (pero no del todo), a la prensa a la cual se la puede someter con violencia o con dinero, solo para los que siguen la razón del líder.

 

En general sin llegar a esos extremos, hay formas de liderazgos como el de ciertas monarquías, en las cuales, el pueblo acepta ser infantil y no inmiscuirse en decisiones globales, y funciona muy bien como sociedad. Hay monarquías que realmente funcionan muy bien y con su pueblo feliz de estar así, de la misma manera que existen pueblos que aceptan la opresión de un gobierno sin decir nada y aceptando a la autoridad como propietaria de una razón justificada.

 

También la autoridad se pierde al momento en que el sistema no genera crecimiento. Cuando se deja generar, se pierde autoridad, que como ya dijimos antes, es la propiedad del autor. En estos esquemas quien no moviliza deja de ser siquiera observado. El haber sido autoridad, convierte a una persona en ese tiempo y espacio en tal, pero no necesariamente en el actual.

 

Aquí debemos sumar otro término que es “experiencia”. La palabra experiencia arranca con el prefijo “ex” que significa “afuera”, y el “per” que significa “probar”. El experimentado es aquel que ha probado fuera de si mismo lo que dice. La experiencia no solamente se da por el haber hecho algo, sino también por haber analizado los resultados. La experiencia sin el análisis de nada sirve, el ejemplo mas claro de esto es el cometer dos veces el mismo error. Si en dos ocasiones similares, cometiste el mismo error, entonces no tenés experiencia, solo tenés una anécdota. Experiencia sólo se tiene cuando se ocupaste de aprender de lo “probado”, con sus aciertos y errores.

 

La experiencia, es válida solo en el espacio en el cuál se ocupó, y no es universal. Sin embargo es lo que mas se acerca a una verdad ya que en ese tiempo espacio se plasmo, ergo, es obvio que hay muchas más posibilidades de que se cumpla de esa manera que de otra.

 

Por ejemplo, la experiencia nos dice que en verano hace calor, porque hemos vivido el verano, por lo cuál podemos predecir con un menor margen de error que el 10 de enero de 2016 en San Juan va a ser un día caluroso. No necesariamente será asi. Pero hay altas posibilidades de que se cumpla.

 

Por eso la experiencia se respeta. Ya que nada está mas cerca de la verdad que quien vivió algo similar.

 

Aún así cuando el tiempo transcurre, y la función de generar se apagó, en un universo de constantes cambios, es muy posible que se sumen factores y que eso cambie.

 

De allí que aparece la opinión. La opinión es la acción o efecto de generar un juicio, es decir, lo último que se realiza antes de ejecutar. Y aquí hay un punto MUY importante. ¿todas las opiniones son válidas o apropiadas?. Válidas si, pero apropiadas no necesariamente. Dependerá del tiempo que se tenga para tomar una decisión. Y tambíén se debe entender que opinar y observar son cosas completamente distintas. Una observación está ausente de juicio. Las observaciones siempre son importantes y necesarias.

 

Por ejemplo, si tenemos un médico en una emergencia y solo dos minutos para tomar una decisión, las opiniones allí pueden hasta ir en contra del objetivo. La mejor oportunidad de que las cosas se hagan bien, es respetar la autoridad del médico en la materia y ponerse a disposición de las necesidades que tenga para cubrirlas. El médico puede equivocarse, pero no hay dudas que va a ser el más indicado para llevar a cabo el trabajo.

 

Sin embargo hay observaciones que desde el inexperto entorno pudiesen realizarse, tales como la ubicación espacial, tiempos de demora de una ambulancia, condiciones del afectado, que pueden ser muy útiles a la autoridad en ese momento.

 

A niveles sociales todos podemos opinar sobre un tema tal como “el aborto”, pero delegamos la decisión en nuestros representantes en el congreso ya que escuchar la opinión de todos y cada uno de todos en un país, no sería factible y haría que la decisión quedara anacrónica una vez que se tome. Puede que para una decisión importante, se tome el tiempo necesario y se consulten a organismos que tengan “autoridad”, en el tema, pero finalmente la decisión la van a tomar los representantes a los que le hemos delegado la capacidad de decidir sobre ese, y otros temas.

 

A veces esas búsquedas de opiniones diversas retrasa tanto la ejecución que la misma pierde total validez y de allí la necesidad de seleccionar cuales opiniones se pueden tomar en cuenta y cuales no. De allí que surgen estrategias para demorar una resolución y hasta para anularla con tips tan banales como “todos tienen derecho a opinar”, lo cuál es cierto, pero no necesariamente aplicable en todos los ámbitos. Alguien que no sabe de neurocirugía, difícilmente tenga una opinión aplicable en medio de una operación. Es por eso que la sociedad se divide en funciones, para delegarle la autoridad en cada materia a quien mejor se preparó y a quien ha conseguido mayor experiencia en cada tema. Mejor o peor, construimos nuestra sociedad delegando autoridad, para no tener que estar decidiendo sobre todo, y en especial en las cosas que no nos interesan.

 

La cantidad de información necesaria para tomar una decisión está supeditada al tiempo en el cual es necesario ejecutarla. Es imposible humanamente, tomar todos los datos referentes a un tema para una ejecución perfecta, desde todo punto de vista. Siempre habrá datos que quedarán afuera.

 

Hay quienes necesitan más datos que otros, y de allí que existen los líderes “pilotos de tormenta”, que son aquellos que son hábiles improvisadores y que solucionan problemas en la medida que les caen con buenos resultados, pero con ALTOS RIESGOS de error. Los pilotos de tormenta son decididos, pero obviamente al definir con pocos datos, erran mucho. Ahora, son sumamente necesarios en procesos de crisis, en los cuales el terreno es imprevisible y se mueve sin un orden aparente.

 

En el otro extremo son los que no ejecutan hasta que no está todo previsto, lo cual es imposible. Esos son los que nunca ejecutan nada, se la pasan en programación y en toma de opiniones de todos los que pueden. En general esto responde a un problema más del tipo emocional, en el cual, como no quieren llegar a la ejecución porque no quieren hacer nada nuevo, dan vueltas y vueltas sobre un tema para que esto se diluya. Este tipo de personas prefiere quedarse con la imagen de si mismo de que las cosas no salen por factores externos, que las condiciones no estaban dadas, y se llenan de excusas para no actuar, escudándose detrás de una falsa idea de perfección, la cual sería real si hay algo plasmado de esa manera.

 

Una vez dijo el Presidente Alfonsín que uno no lleva 5 gomas de auxilio por si pincha 4 en un viaje. Uno sale y va corrigiendo en la medida que las situaciones van apareciendo. Y en situaciones de tormenta las voces que se escuchan son las experimentadas en ese tema, y no es que el resto no pueda tener una razón sustentable, es sólo una cuestión estadística. Son mayores las chances de que quien tiene la experiencia esté mas acertado en la posible solución. Cuando el tiempo lo permite se abre más el tema para una programación estratégica y cubrir mayor cantidad de factores. Es el tiempo el que determina. El tiempo es el que decide si se pueden dar espacio o no a opiniones inexpertas. Que reitero, puede que sean aún más válidas que las de los expertos, es posible, pero ante la baja probabilidad de acierto, es necesario recurrir a los que saben.

 

En todos estos casos la autoridad pasa a ser una función delegada. También hay autoridad para opinar, si tenemos en cuenta los factores anteriores.

 

Otro punto de este análisis, tiene relación con lo efímero de la autoridad. La misma está supeditada a la generación. Sin generación deja de existir autoridad por definición. Por lo que los mismos términos expresan. Cuando se deja de hacer, se pierde la función del autor, sólo queda la experiencia, que si bien da autoridad, el tiempo la diluye debido a que los terrenos cambian.

 

Entre un médico retirado hace 10 años, con 40 años en la profesión, quizás no sepa utilizar un aparato que un residente ya sabe usar. La experiencia tampoco es sinónimo de sabiduría. Solo es un antecedente válido. El mejor de todos, pero tampoco universal.

 

Nuestra sociedad se moviliza con ese sistema. Y esto tiene serios problemas en cuanto a los planteos, en especial los que inconscientemente buscan tener una cierta autoridad, pero que no lo sustentan en la generación. La típica persona que se escuda detrás de su autoridad generalmente descalificando al interlocutor no por argumentos sino porque así lo dice él.

 

Es muy común que sin tener conocimiento de un tema alguien quiera opinar, porque opinar es un derecho, pareciera, que adquirido (Derechos van de la mano a las obligaciones y estas deben estar en equilibrio, ya que sin cumplir las obligaciones, los derechos ya no son lo mismo, porque para que alguien pueda hacer uso de un derecho, alguien está obligado a cumplir con algo, los derechos no crecen en los árboles, y aunque así lo fuera, alguien se ha encargado de plantar y regar ese árbol... derechos-obligaciones), y lo hace ante alguien que realmente tiene la autoridad en el tema. Por ejemplo alguien que discute de física cuántica con un físico. Es obvio que el físico va a soslayar la opinión de su interlocutor, por una cuestión de conocimiento. Esa actitud es muchas veces tomada como soberbia o arrogancia. Y es por eso que a muchas personas que saben de un tema las catalogan de esa manera, atacando al interlocutor y no a sus argumentos, volviendo de nuevo al esquema infantil de la autoridad como verdad. En ese caso al eliminar características humanas del físico se trata de buscar tener razón no por lo que se dice, sino por el “cómo lo dijo”.

 

Y una verdad es una verdad independientemente de quien y como la diga. Albert Einstein dijo “Cuándo vas a decir algo que es verdad, la elegancia, dejásela al sastre”. La característica de saber no necesariamente va de la mano con una habilidad social pedagógica. Las personas que saben no necesariamente saben como expresarse ante personas que no saben nada sobre un tema. Sería genial que así fuera, pero por lo general no es así. De hecho son muy pocos los premios nobel que enseñan, y los profesores no son los que más saben sobre el tema, simplemente son los que mejor lo saben expresar en base a la ciencia de la pedagogía.

 

Arrogante en realidad es aquel que exagera sus cualidades mentales. Realmente quien es arrogante en esa discusión es aquel que sin conocimientos de física, se quiso poner a discutir con alguien que puede acreditar que sabe del tema. Soberbio es aquel que se siente por encima del otro, y en ese caso va de la mano de la arrogancia de querer ponerse a la altura intelectual en un tema que no se domina, de alguien que si, y de querer mostrar una razón a alguien con mucha más experiencia en el tema. Precisamente es el que acusa de arrogante, es, el que encarna esa función.

 

Proyectar en el otro una debilidad propia, para poder sentir que la discusión al menos quedó empatada. “Puede que el otro tenga razón, pero la forma en que lo dice es arrogante”. Descalificar al interlocutor para poder de esa manera tener la razón es soberbio.

 

Ahora cambiemos completamente el chip que nos impuso la sociedad. Con muy poquitos argumentos podemos ver que este esquema es enfermo, y nos aleja de algo esencial y puro.

 

Empecemos por entender que la razón no es la verdad y que la si verdad debe es la autoridad cambia absolutamente todo.

 

Cuando es la verdad la que debe ser el sustento de la razón, hace que el foco no esté puesto en la persona que está adelante sino en lo que está diciendo. Se escucharía más y se intentaría imponer menos, ya que no habría necesidad de tener razón.

 

Algo es cierto porque se puede probar y es esa la máxima autoridad. En tal caso, quien esté más cerca de esa verdad será quien tenga transitoriamente la autoridad delegada, en un segundo plano y de manera efímera, mientras pueda hacer, quien lleva esa función, que la conciencia de la verdad crezca. Esto es aplicable a todos los ámbitos de la vida y para todas las ejecuciones que se deseen hacer. Solo la generación de acciones generan experiencia, y es esta la que otorga la autoridad mas sana. Aún sabiendo que no es infalible. Aún con riesgo de error, es más eficiente y certera que la que quiere desde su propia arrogancia imponer, aquel que sin plasmado, pregona el tener algún tipo de razón.

 

Cuando es la verdad la que tiene el comando y lo que se busca, es muy difícil que se ataque para argumentar. Porque se deja de lado el concepto del líder de opinión, que tiene por objetivo imponer su idea, por sobre la del otro. Con la verdad como sustento de la razón, existe desde todas las partes, el marco de duda que es lo que une en una discusión.

 

Muchas veces no queremos saber que estamos equivocados entonces, es ahí cuando nos ocupamos de defender posiciones. La defensa siempre estanca en una posición, y eso va directamente en contra del movimiento constante que existe en el Universo completo, donde nada existe que esté en quietud. Cuanto más irracional la posición, mas violenta la embestida. Por eso es que la religión es por lejos, la mayor causa de muertes en la sociedad. Lo fue siempre, y lo sigue siendo.

 

A veces también el encontrarse con la verdad hace que nos veamos hipócritas y en esos casos, preferimos estancarnos o huir, pero no enfrentar la situación. Por ejemplo, la constancia es una virtud que muchas personas se atribuyen cuando se habla de ser una persona honorable, ahora, al momento de tener que aplicarla, y de demostrarla, aparecen excusas. Cuando el problema generado por una falta de constancia es menor, entonces se le atribuye a algún problema externo el no haber cumplido con la propia palabra. Cuando el problema es mayor y afecta a otros, lo usual es tratar de “llevarse a alguien”, poniendo la responsabilidad en otro. Cuando la verdad demuestra que no fue del otro la responsabilidad, entonces empieza el proceso de lastimocidad o de ofensa. Es bastante común que quien no cumpla se ofenda cuando se le recuerda que se comprometió con una función. Y todas estas actitudes tienden a ir en desmedro de la verdad.

 

Es sencillo recorrer cualquier camino en los primeros pasos donde todo es teoría y “ser bondadoso”, es solo una frase que se repite. Ahora cuando el “ser bondadoso”, requiere de pensar una situación, dar la palabra para la ejecución de algo y plasmarlo, la cosa cambia. Empiezan los problemas. Empiezan las trabas puestas por la propia cultura, que desestima el valor de la palabra y el valor supremo que tiene la verdad.

 

Y es allí donde la incoherencia aparece. En equipos de trabajo por ejemplo es común y normal escuchar hablar de “bien común por sobre todo”, pero alguien es capaz de dejar a su equipo sin representante porque ya no quiere trabajar más, sin ser capaz de hacer lo honorable en ese aspecto y lo coherente que es, dejar las cosas en línea para los que vienen detrás. Una ofensa personal con alguien, hace que se le quite importancia a todo el equipo, e incluso están quienes por un asunto personal con alguien son capaces de hacerle daño a su propio equipo. Esas solas actitudes ya son inapropiadas dentro de cualquier camino, pero como no se es capaz de asumir la verdad acerca de las falencias propias para ser responsable, constante, y ser una persona de palabra, es mucho más sencillo excusarse detrás de la ofensa, en lugar de revisarse a uno mismo y buscar los limitantes por la falta de crecimiento.

 

La búsqueda de la verdad es el motor espiritual. La verdad es conciencia en estado puro, para expandirla se utilizan herramientas como el Reiki que no es solo teoría ni una simple técnica, sino una filosofía de vida que conlleva en si misma un Rei donde está la verdad y un Ki que es la aplicación de la misma. Sin las dos partes queda incompleto. Por eso mismo es que el samurai dice “si lo dije es porque está hecho”, y un ninja dice “la verdad es mi única búsqueda”. En el medio de uno y lo otro está el camino en el cual vamos transitando y si querés llegar rápido la soledad sirve, pero si querés llegar lejos solo se puede realizar en conjunto. Y eso también tiene relación con la verdad, porque una persona sola, apenas puede ver el frente de un cubo, necesita la observación de los demás para comprender toda la figura. Uno solo no puede verse a si mismo en totalidad, ya que el ser, no es solo la percepción que tenemos. Uno es lo que plasma y no lo que dice. Uno es lo que ejecuta y no sus ideas. Y eso es Reiki. Si fuéramos solo opinión la disciplina sería solo Rei.

Para cerrar, mantengo la propuesta de darle forma a la verdad, para que sea la que siempre comande. Darle forma significa ponerle contenido, para poder identificarla. Darle forma es tomarla como es y no como queremos que sea. Darle forma es aceptar que muchas veces no podemos llegar a ella, no porque no esté sino por nuestros propios limitantes, en especial para plasmarla, por eso mismo es que los maoríes dicen “la eficacia es la medida de la verdad”. Nada es mas real que lo que se plasma y puede verse. Nada está más cerca de la verdad que lo que puede argumentase sin hacer alusiones al interlocutor.


Y en este esquema la AUTORIDAD no es más que una propiedad atribuible (al que tiene la experiencia) de manera efímera, funcional y como herramienta de la VERDAD.