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Materializar lo que está en la mente

  • Por Gabriela Chaile

Cada cosa que expresamos y cada acción que realizamos son un reflejo de los pensamientos que tuvimos. Podemos encontrar muchas formas de comunicarnos con el exterior que hablan por nosotros, ya sea desde lo que decimos, cómo nos comportamos, cómo nos vestimos, qué cosas hacemos y hasta el entorno que nos rodea.

Si bien la comunicación consta de varias partes, debemos comprender que el expresar exactamente lo que queremos es el paso previo a ejercer una acción y de esta manera generar las circunstancias que nos rodean.

Ésta es la forma en que la energía fluye hacia donde se dirige el pensamiento. Sucede que a veces las circunstancias que creamos no nos parecen las que esperamos o en algún momento deseamos, pero eso no significa que no hayamos actuado para conseguir exactamente eso que nos dio por resultado.

Pensamiento, palabra y acción siempre están en línea. La pregunta que debemos hacernos es ¿en cuál?.

Escuchamos con frecuencia frases como “hay que pensar en positivo”, “no esperes obtener ningún resultado favorable con ideas pesimistas” o “hay que ser optimistas para conseguir lo que queremos”, etc. Hoy quiero indagar un poco más profundo en cuestiones del pensamiento que tienen que ver con esto para que dejen de ser solo frases bonitas y que comiencen a ser parte del día a día en nuestro modo de vida, desde la comprensión que es la única manera de aplicarlas.

Todos tenemos experiencias en las que el estar de buen ánimo nos hace generar cosas positivas y productivas en todo lo que hacemos y en todo lo que nos rodea. Cuando nos encontramos en un estado de alegría y gratitud, al menos por un instante, nuestros pensamientos tienen ese mismo estado de optimismo, por lo cual las acciones expresan exactamente lo mismo, desde una sonrisa genuina hasta disfrutar de cada actividad de la rutina o sentirnos inspirados para generar nuevas ideas y automáticamente plasmarlas y aplicarlas. Aceptamos la realidad que nos rodea tal y como es y nos sentimos a gusto con ella, incluso tolerando y aceptando con mayor facilidad aquellas cosas que generalmente nos disgustan o molestan. Sentimos la capacidad de realizar lo que nos proponemos y la voluntad para ejecutar.

Cuando por el contrario, el estado que nos invade es de pesar, de tristeza o preocupación, los pensamientos comienzan a opacarse, comienzan a ser más pesimistas y automáticamente las acciones que llevamos a cabo comunican lo que estamos sintiendo y pensando; desde una mirada perdida y triste hasta un mal modo de responder, las pocas ganas de estar en el trabajo o hasta de salir de la cama. Cada cosa alrededor hace más oscuras todas las circunstancias que nos rodean, tenemos dificultad para ver la realidad de las cosas, comienzan a faltarnos ideas y voluntad de acción y generalmente todo desencadena afectándonos físicamente sufriendo de insomnio o con dolores de cabeza. En este sentido, podemos considerar el pensamiento como en desorden, poco productivo y hasta nocivo pero en línea directa con acciones que nos lleven a generar circunstancias con exactamente las mismas características.

Cuando estamos frente a estas circunstancias es cuando resulta importante poner ATENCIÓN para saber cómo es que llegamos a ese punto en donde todo lo que resultó es lo contrario a lo que esperábamos. Ser conscientes en ese momento de que por un lado nuestras expectativas puede estar puestas en lo favorable o positivo, pero si el pensamiento está en el lado opuesto, los resultados serán siempre poco favorables y contrarios a lo que se espera.

Debemos considerar este instante como la posibilidad en donde se está a tiempo de revertir la situación o de no empeorarla.

 

Resulta fundamental comprender que tanto el optimismo como el pesimismo nos generan expectativas y una visión limitada de la realidad, y que las ideas que desde allí surgen no siempre se ajustan a todos los factores y circunstancias del medio en el que nos movemos para lograr un objetivo. El trabajo consiste en mantener un pensamiento ordenado y REALISTA en relación directa con nuestros objetivos, para que lo que comuniquemos sea exactamente un reflejo de lo que pensamos, y nuestras acciones conduzcan exactamente a aquello que perseguimos.


"El alma humana puede no sólo entender y unificar lo natural, sino que tiene la capacidad de modificarlos y de materializar lo que hay en su mente."