Volver a Reiki.do


REIKI Y AUTOCONOCIMIENTO

  • Por Gabriela Chaile

A menudo, en la medida en que nos interiorizamos en la disciplina de Reiki nos encontramos con esta palabra: AUTOCONOCIMIENTO.


Pero ¿qué significa conocerse a uno mismo desde la práctica de Reiki? Desde que comenzamos a trabajar en nosotros mismos como Shodems en el auto-tratamiento con Reiki, se pone de manifiesto una manera diferente de percibirnos a nosotros mismos e incluso, inicialmente, a nuestro propio cuerpo. Aprendemos que las sensaciones que percibimos al emitir energía con nuestras manos no sólo son importantes, sino que además cada una de ellas contiene un significado y nos otorga información para poder trabajar en profundidad sobre aspectos a los que quizás desconocíamos o que por algún motivo, no les dábamos la atención necesaria.

 

Del mismo modo, comienza a hacerse imperativo reconocer y atender aquellas “señales” que nuestro propio cuerpo emite permanentemente para comunicarse con nosotros. Comenzamos a poner mayor atención sobre aquellas molestias físicas a las que antes tal vez ignorábamos, debido a que nuestra atención no siempre está puesta sobre nosotros mismos. Aprendemos a escuchar nuestro organismo para satisfacer adecuadamente sus necesidades, así como alimentarnos o descansar correctamente y en su justa medida y horarios, como a corregir malas posturas o la tensión muscular causada por el estrés (entre muchas otras cosas) y de esta manera comenzamos a vivir de una manera más armónica con nosotros mismos.

 

Siguiendo el avance que se da en el camino, con las herramientas que se obtienen en el segundo nivel, como Okudens aprendemos a distinguir con aún mayor precisión estas características físicas o emocionales a distancia en nosotros mismos o en otras personas. Aquí es donde con frecuencia, aparecen emociones que se presentan como “nuevas” ante situaciones que continuamente transcurrimos. Sucede que comienzan a apreciarse algunos “cambios” en nuestro humor, en nuestras respuestas ante determinadas circunstancias, y muchas veces solemos considerar a éstas como extrañas y hasta sorprendentes. Muchos Reikistas, hemos sugerido alguna vez, que desde los avaneces en el camino de la disciplina hay gestos del entorno que se aprecian desde una óptica diferente, cosas que “nos generan molestias que antes no” o “situaciones, momentos y hasta incluso personas que apreciamos con más alegría y valor que en otras oportunidades”. Todo alrededor parece ser distinto y haber pasado por algún cambio.

 

Uno de los regalos más maravillosos que nos otorga el crecimiento en la disciplina tiene que ver con la percepción cada vez mayor de la realidad tal y como es.

 

Es aquí donde el trabajo personal de autoconocimiento se pone de manifiesto, permitiéndonos tomar valiosa información, acerca de cómo nosotros mismos nos estamos dando alertas permanentemente sobre los estímulos externos e internos que nos afectan positiva o negativamente. No significa que de pronto hay cosas que “antes no me generaban molestia y ahora sí”, ni tampoco que “hay cosas que de pronto disfruto con mayor intensidad que antes”, solamente estamos más abiertos y con mayor sensibilidad a apreciar lo que nos rodea y lo que está dentro de nosotros mismos. Cada cosa que parece haber dado un vuelco sorprendente en solo unos días, no es más que nuestra propia expansión de la consciencia ante ellas.


Esta forma de ver la realidad con mayor profundidad, es una herramienta indispensable para trabajar sobre nosotros mismos, comprendernos, aceptarnos y modificar aquellas reacciones que no nos resultan productivas o que están opuestas a nuestro crecimiento personal y espiritual.

 

A partir de esto, es en donde podemos trabajar en el desarrollo del valor, del coraje y de la voluntad que nos ayuden a indagar en aquellas cosas que internamente encontraremos de nosotros mismos y que no van a ser de nuestro agrado. Es una de las herramientas que posee el Reikista para “limpiarse”, crecer y expandirse.

 

Sólo podemos actuar sobre algo que no es adecuado en nosotros mismos, y corregirlo, si primero, lo conocemos en profundidad y aceptamos que forma parte de nosotros mismos.

 

Sólo podemos tomar acción sobre aquellas actitudes nocivas para nuestro ser, si comprendemos que tenemos plena responsabilidad y decisión sobre ellas y que hemos sido y seremos siempre, los creadores de la realidad que nos acompaña.